Europa evita aranceles de Trump al ceder en pacto comercial
Europa evita aranceles de Trump al ceder en pacto comercial ¿Por qué importa ahora?
¿Por qué importa ahora? Bruselas tenía como fecha límite el 4 de julio para ratificar un entendimiento comercial con Washington. De no hacerlo, la Casa Blanca impondría un arancel del 25% a los automóviles y camiones europeos. El reloj forzó a los negociadores comunitarios a aceptar un acuerdo que, por ahora, contiene la escalada. ¿Qué pasó exactamente? Los negociadores del Parlamento Europeo y del Consejo (los gobiernos nacionales) alcanzaron un acuerdo político para aplicar, con condiciones, el pacto comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea. El entendimiento clave es este: la UE renunciará a imponer represalias contra los aranceles estadounidenses siempre que el sobrecoste que esos aranceles provocan no supere el 15%. Quedan excluidos de esa tolerancia el acero y el aluminio, que seguirán pagando una tasa del 50% al entrar al mercado estadounidense. ¿Qué significa económicamente? Un arancel es un impuesto que un país cobra a los productos importados. Si la Casa Blanca grava con un 10% adicional un bien europeo, el exportador pierde competitividad o traslada el costo al comprador. El límite del 15% pactado funciona como una válvula de alivio: la UE acepta no responder a aranceles estadounidenses moderados (hasta ese techo) a cambio de que Estados Unidos rebaje los suyos. La contrapartida directa es que la UE eliminará aranceles a productos industriales estadounidenses. El acuerdo incluye además una cláusula de expiración: su vigencia se extendió de 2028 a finales de 2029. Pero hay un mecanismo de protección —una salvaguarda— que obliga a investigar si las importaciones desde Estados Unidos representan una amenaza grave para las industrias europeas. Si esa investigación concluye que sí existe un daño, el tratado podría cancelarse. ¿A quién afecta y cómo? Para el lector latinoamericano, el impacto es indirecto pero concreto. La tregua reduce la incertidumbre sobre el comercio global y evita, por ahora, una guerra de aranceles que encarecería maquinaria, vehículos e insumos industriales que la región importa de Europa o Estados Unidos. México y Brasil —exportadores de acero y aluminio— ya conocen el rigor de los aranceles estadounidenses del 50% confirmados en este pacto: esas tasas no se alivian, lo que mantiene presión sobre los productores regionales que compiten en el mercado norteamericano. Además, el precedente de negociación bilateral erosiona el papel de la Organización Mundial del Comercio, el foro donde los países latinoamericanos suelen defender sus intereses frente a las grandes economías. La voz escéptica El principal riesgo está en la letra pequeña. La salvaguarda es un detonador que los propios negociadores europeos introdujeron. Si una investigación demuestra que las importaciones estadounidenses dañan a la industria comunitaria, el acuerdo se puede desplomar. Ese desenlace no es hipotético: Sabine Weyand, jefa del departamento de comercio de la Comisión Europea, abandonó su puesto después de criticar el tratado. Su renuncia sugiere que dentro de Bruselas hay quienes consideran el pacto demasiado frágil o desventajoso. La calma actual depende de que ninguna de las partes active ese mecanismo. ¿Qué vigilar después? El siguiente paso es la ratificación del tratado por los legisladores de la UE y el voto de la Eurocámara. Si no se completa antes del 4 de julio, la amenaza original de Trump —el arancel del 25% a los vehículos europeos— vuelve a estar sobre la mesa.
Fuente: Europa Press - Economía. Ver fuente original
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