La UE retrasa a finales de 2029 el fin del tratado con EEUU
La UE retrasa a finales de 2029 el fin del tratado con EEUU Bruselas cedió a la presión de Washington.
Bruselas cedió a la presión de Washington. Horas después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara con aranceles del 25% a los automóviles europeos si no se ratificaba el tratado comercial bilateral antes del 4 de julio, la Unión Europea acordó posponer la cláusula de expiración del pacto. La nueva fecha es finales de 2029. El plazo anterior vencía en 2028. La negociación entre representantes de la Comisión Europa, el Parlamento Europeo y el Consejo introdujo además un mecanismo de salvaguarda. Este instrumento obliga a investigar si las importaciones procedentes de Estados Unidos representan una amenaza grave para las industrias europeas. Si la investigación concluye que existe ese perjuicio, el acuerdo podría cancelarse. El contenido económico del tratado implica un intercambio de rebajas arancelarias. La UE eliminará los gravámenes a los productos industriales estadounidenses. A cambio, la Casa Blanca reduce del 25% al 15% los aranceles sobre las exportaciones europeas. No es un detalle menor: el porcentaje original coincidía con la amenaza que Trump blandió como herramienta de presión. La remodelación del acuerdo ya ha costado la salida de Sabine Weyand, hasta ahora jefa del departamento de comercio de la Comisión Europea. Weyand abandonó el puesto tras haber criticado públicamente los términos de la negociación y haber cuestionado la conveniencia de modificar un tratado bajo un calendario impuesto por una contraparte que, según fuentes internas, ha cambiado de posición repetidamente durante el proceso. Por qué importa en América Latina. El episodio confirma que la administración Trump utiliza los aranceles como una herramienta táctica para forzar concesiones comerciales más allá de sus fronteras. Esa dinámica ya se aplicó a México durante la renegociación del T-MEC y ahora se replica con la UE. Para los exportadores latinoamericanos, la señal es inequívoca: cualquier diferencia regulatoria o comercial puede convertirse en un ultimátum arancelario. Además, si las rebajas pactadas desvían flujos de comercio hacia el Atlántico Norte, ciertos sectores latinoamericanos —desde el acero brasileño hasta los componentes automotrices mexicanos— podrían enfrentar condiciones de competencia más duras en el mercado estadounidense. La voz escéptica. El principal riesgo no es el contenido del acuerdo, sino la salvaguarda que Bruselas incluyó para calmar a los sectores industriales críticos. En la práctica, ese mecanismo convierte un tratado comercial en un pacto condicional: cada cierto tiempo será necesario demostrar que el intercambio no daña a los productores locales. Si una investigación concluye lo contrario, el acuerdo se desploma, reintroduciendo los aranceles previos y elevando
Fuente: El Diario. Ver fuente original
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