Acuerdo Nación-CABA salda deuda de coparticipación
Acuerdo Nación-CABA salda deuda de coparticipación ¿Por qué importa ahora?
¿Por qué importa ahora? La prolongada pulseada fiscal entre el Gobierno Nacional y la Ciudad de Buenos Aires mantenía en vilo a ambos presupuestos y a los servicios que financian. Un acuerdo pone, por fin, un horizonte previsible a la caja de la capital argentina y calma, al menos temporalmente, uno de los frentes judiciales del Ejecutivo. ¿Qué pasó exactamente? El Gobierno Nacional y la administración de la Ciudad de Buenos Aires alcanzaron un entendimiento sobre la deuda acumulada en el marco de la coparticipación —el sistema por el cual el Estado federal recauda impuestos y los reparte con las provincias—. Las partes no dieron a conocer las cifras pactadas ni el cronograma de pagos. ¿Qué significa económicamente? La coparticipación es, para la mayoría de los distritos argentinos, la principal fuente de ingresos corrientes. La Ciudad perdió en 2020 parte de esa tajada por un decreto presidencial que la Corte Suprema declaró inconstitucional y ordenó devolver. Un acuerdo despeja, así, el riesgo de que la Ciudad siguiera ejecutando sentencias o que la Nación acumulara un pasivo contingente de magnitud desconocida. En términos prácticos, estabiliza las expectativas de caja de ambas jurisdicciones y reduce la incertidumbre en los mercados de deuda subnacional. ¿A quién afecta y cómo? Afecta directamente a los porteños: los fondos de coparticipación sostienen parte del transporte público, la salud, la educación y la infraestructura urbana. Con las cuentas en orden, la Ciudad evita apelar a subas de impuestos o recortes abruptos. Para el resto del país, el caso es observado de cerca: cualquier modificación en la asignación de recursos sienta precedente en un federalismo fiscal crónicamente conflictivo. El contribuyente y el usuario de servicios públicos verán, en el mejor escenario, continuidad sin sobresaltos. ¿Cuál es la voz escéptica? Sin conocer los montos ni los plazos, es imposible saber si el arreglo cumple cabalmente el fallo de la Corte o si es una solución parcial que volverá a discutirse con el próximo ciclo político. Además, el Gobierno Nacional arrastra sus propias restricciones de caja; un contexto recesivo podría poner a prueba su capacidad de pago. Existe el riesgo de que el conflicto de fondo —la falta de una nueva ley de coparticipación exigida por la Constitución de 1994— se postergue una vez más, manteniendo viva la fuente de la discordia. ¿Qué vigilar después? Habrá que seguir la letra chica: los montos, el instrumento de pago (bonos, transferencias diarias, compensación con retenciones) y si la Ciudad retira o suspende las demandas judiciales. También importa si el acuerdo habilita una discusión más amplia sobre el régimen de reparto que la Constitución mandó reformar y que lleva tres décadas sin cumplirse.
Fuente: Infobae Economía. Ver fuente original
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